Sierra Mágina: naturaleza, arte y gastronomía en el corazón de Jaén

Sierra Mágina: naturaleza, arte y gastronomía en el corazón de Jaén

Actualizado: 27 Nov 2016 | Publicado: 9 May 2012

Si lo que buscas es perderte unos días en medio de la naturaleza y alejado del bullicio, no lo dudes: Sierra Mágina es tu destino. Aquí, en plena campiña jienense, encontrarás una comarca todavía desconocida por el turismo de masas que se articula alrededor de su Parque Natural. Un territorio de infinitas posibilidades, marcado por el ritmo de vida que demanda el olivar, que aúna con sabiduría preciosos paisajes, las huellas de su pasado fronterizo y un patrimonio cultural y etnológico digno de ser descubierto.

Parque Natural de Sierra Mágina

La comarca de Sierra Mágina está situada en el sureste de la provincia de Jaén, a unos 30 km. de la capital, y se extiende en forma circular alrededor del Parque Natural que lleva su nombre. Por su situación geográfica -en el límite que marcan la cordillera Bética y el valle del Guadalquivir-, su orografía y la gran cantidad de aguas subterráneas que manan al exterior en numerosos parajes, Mágina ofrece una impresionante diversidad paisajística. Así, a lo largo de sus casi 20.000 hectáreas, se suceden paisajes de alta montaña en su macizo central, zonas húmedas de rica vegetación, y terrenos de campiña repletos de olivos que contrastan con el paisaje subdesértico del este de la comarca. Un espacio excepcional para perderse paseando, respirar aire puro o practicar deportes de bajo impacto (alpinismo, senderismo, bicicleta de montaña, etc.), al tiempo que se descubre la grandeza del medio natural en el que nos movemos.

Qué ver en Sierra Mágina

Sierra Mágina conserva un considerable patrimonio cultural heredado de la mucha historia que tiene a sus espaldas. Frontera natural entre los territorios musulmanes y cristianos durante los siglos XIII y XV, la mayoría de sus pueblos tienen su origen en antiguos castillos alrededor de los cuales se fueron desarrollando los núcleos urbanos que, a día de hoy, siguen conservando una marcada tipología árabe. Finalizada la reconquista, la victoria del reino de Castilla y las repoblaciones cristianas dejaron numerosas muestras de arte renacentista, presentes tanto en la arquitectura religiosa como en la civil. ¿Vale la pena conocerlos uno a uno? Sí. Aunque la idea de subir empinadas cuestas y, en algunas ocasiones, pendientes de órdago, no parezca muy apetecible a priori y se pueda pensar que visto uno, vistos todos, la realidad es mucho más generosa y recorrer cada uno de ellos es toda una aventura.

La razón es obvia: toda Mágina es un atractivo turístico. Empezando por la hospitalidad de sus gentes que, conscientes de que el turismo rural es un fenómeno que va a más en la zona, se deshacen en atenciones al viajero haciéndolo sentir como en casa.

Torres. Sierra Magina

Detalle balcon de Torres. Sierra Magina

Iniciamos nuestra ruta serrana en la villa de Torres  cuyo seductor casco urbano discurre en la falda del Cerro de la Vieja, entre casas encaladas y balcones repletos de flores. En su término, que se extiende por el valle del río Torres que delimitan las cumbres del Almandén, Cárceles, Morrón y Aznaitín, se encuentra uno de los testimonios más antiguos de la presencia del hombre en la provincia: las pinturas rupestres de la Cueva del Morrón, de época Paleolítica.

Desde Torres nos dirigimos a Albánchez de Mágina, cuyo perfil desde la carretera es un regalo para la vista. Un mar de olivares, almendros y cerezos rodean a esta localidad que ha adquirido fama por su tradición repostera en la que destacan almendrados, bizcochos, roscos y otros dulces, muchos de ellos elaborados con recetas de época medieval.

Albanchez de Magina. Sierra Magina

Muy cerca de aquí y separados por apenas cinco kilómetros, nos esperan los núcleos de Bedmar y Garcíez. Dos poblaciones abiertas y acogedoras que reflejan el carácter de sus gentes en las que merece la pena visitar la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, el Castillo de Bedmar -declarado Monumento Histórico- y el Palacio de los Marqueses de Viana de Garcíez. Además, en Bedmar tiene su sede el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Sierra Mágina, que ampara el aceite de oliva virgen extra de la comarca.

Avanzando por la senda que marca el olivar, nuestro siguiente destino es Jódar, el municipio de mayor población de la comarca de Sierra Mágina. Jódar vivió su mayor esplendor durante la época musulmana en la que se convirtió en la capital política, cultural y administrativa de la comarca. De su rico pasado destaca su iglesia renacentista de la Asunción y su castillo en el que está ubicado el Centro de Interpretación del Parque Natural de Sierra Mágina, de visita ineludible para revestir de historia y conocimiento nuestra ruta. Tras este baño cultural, nada mejor que dejarse caer en alguno de los restaurantes de la ciudad para probar la sabrosa gastronomía local. El sabor del aceite, de la sierra y de la huerta toma forma en toda la comarca en gazpachos, potajes y pipirranas y en especialidades locales como la sobrehúsa, los andrajos con liebre y los borullos.

El singular catálogo de pueblos blancos y arrugados valles que componen Mágina nos acerca ahora al pequeño municipio de Bélmez de la Moraleda para conocer su castillo -declarado Monumento Histórico- y el arroyo del Gargantón, desde donde se divisan las zonas más elevadas de Mágina.

Nos dirigimos ahora a la zona sur de Mágina, a Huelma, para recorrer su casco urbano, declarado conjunto histórico artístico en 1971, y conocer la iglesia de la Inmaculada, una joya no muy conocida del Renacimiento andaluz, obra de Andrés de Vandelvira. Más hacia el oeste nos encontramos con Cambil, antaño baluarte defensivo del reino nazarí de Granada convertido hoy en una encantadora localidad que se apiña en el fondo de un valle, regada por los ríos Villanueva, Oviedo y Arbuniel. Entre el patrimonio arquitectónico de Cambil destaca la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, de finales del siglo XVI y construida al estilo manierista, y el Antiguo Hospital, ejemplo del barroco jienense.

Cambil. Sierra Magina

Tras conocer los restos del castillo de Mata Bejid, que controlaba la vía de comunicación con Torres a través del puerto del Almadén, enfilamos nuestros pasos hacia Pegalajar, un pequeño pueblo de sabor medieval que discurre entre olivares y huertas escalonadas, rodeado de un cordón de altas montañas. Cerramos el círculo que venimos trazando alrededor del Parque Natural en Jimena, cuyas calles buscan refugio a los pies del Aznatín y resumen la arquitectura popular de la comarca con calles empinadas y casas encaladas.

Y hasta aquí llega nuestra ruta por este rincón jienense que no puede compararse en tamaño con la vecina cadena montañosa de Cazorla, Segura y Las Villas, pero que encierra una magia y un encanto que no deberías perderte.

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