Aranda de Duero, la Ribera que me gusta

Aranda de Duero, la Ribera que me gusta

Debo confesar que, hasta ahora, todas las veces que he ido a Aranda de Duero ha sido en calidad de gastroturista. O lo que es lo mismo, atraída por el olor a leña que desprenden los asadores de esta localidad burgalesa donde, doy fe, preparan el mejor lechazo asado que he probado nunca.

Hace un par de semanas, con motivo de la presentación de su nueva imagen de marca ciudad: “Aranda de Duero. La Ribera que me gusta”, regresé a las calles de la capital de la Ribera del Duero dispuesta a conocer esta villa realenga de Castilla y León más allá de sus viñedos y fogones.

Me gustó lo que vi. Me gustan las ciudades castellanas con historia y carácter que no se quedan ancladas en el pasado y que se reinventan día a día para reclamar su espacio dentro del panorama de destinos de interior de nuestro país. En la primavera del año que viene, Aranda de Duero acogerá una nueva edición de las Edades del Hombre en la que la propia Ribera, el enoturismo y la gastronomía se entrelazarán con el arte sacro. Si no quieres esperar hasta entonces, aquí van mis imprescindibles de esta ciudad enclavada a orillas del Duero:

Arquitectura religiosa: las piedras de la historia

Elegante y robusta. Así es la iglesia de Santa María la Real, la joya arquitectónica de Aranda. Su construcción se remonta a principios del siglo XV como respuesta a la necesidad de levantar un templo de mayores dimensiones que la vecina iglesia de San Juan, donde pudieran reunirse los feligreses de una población que no dejaba de crecer. Vale la pena acercarse hasta Aranda solo para contemplar su imponente fachada, una filigrana esculpida en piedra, diseñada por el arquitecto Simón de Colonia, que fue inaugurada por Fernando el Católico en 1515.

Iglesia de Santa María la Real. Aranda de Duero. Burgos

Detalle de la portada de la iglesia de Santa María la Real. Aranda de Duero. Burgos

Su interior, de traza gótica flamígera y con planta de cruz latina, no desmerece la portada que le precede. El púlpito plateresco de madera de nogal, el retablo mayor, la magnífica escalera del coro con reminiscencias mudéjares…Sí, me encanta la arquitectura religiosa. Más el continente que el contenido, la verdad. Entrar en un templo, recorrer cada una de sus naves, levantar la mirada para admirar sus columnas y bóvedas, sentarme en un banco y viajar en el tiempo, mientras imagino todo tipo de intrigas cortesanas, dime y diretes vecinales y plegarias en busca de consuelo.

Nave central de la iglesia de Santa María con el púlpito a la derecha. Aranda de Duero. Burgos

Una de las bóvedas de Santa María. Aranda de Duero. Burgos

La hermana pequeña de Santa María es la iglesia de San Juan Bautista. También gótica. También levantada sobre un antiguo templo románico. En su interior acoge el Museo Sacro donde se expone buena parte del patrimonio religioso de la diócesis de Aranda de Duero.

Retablo renacentista. Museo Sacro de San Juan Bautista. Aranda de Duero. Burgos

Arquitectura civil: plazas, casonas y soportales

Me gusta descubrir las curiosidades históricas de las ciudades que visito. Datos como que Aranda de Duero cuenta con el plano urbano más antiguo de España, fruto de un pleito que proponía un cambio en su trazado que conllevaba el derribo de algunas casas y, por ende, el perjuicio de las bodegas que sostenían sus cimientos. O que en tiempos de Enrique IV se convocó el Concilio de Aranda para combatir la ignorancia y la vida disipada de algunos clérigos, mientras la princesa Isabel y Juana La Beltraneja se disputaban la Corona de Castilla.

Plano de Aranda de Duero. Burgos

Al margen de estos retazos de su historia, la Aranda del siglo XXI sigue siendo un cruce de caminos en el que se dan cita todos elementos de una clásica localidad castellana. Casonas y palacios que albergaron a la hidalguía local como la Casa-Palacio de los Berdugo, ejes comerciales peatonales como la calle Isilla, plazas y calles que nos recuerdan en sus nombres los productos que en ellas se vendían (plaza del Trigo, calle Boticas, calle La Sal, Aceite, La Miel…). Y, por supuesto, una Plaza Mayor porticada por donde toda Aranda se pasea para ver y ser vista y se deja caer por sus terrazas al aire libre cuando el tiempo lo permite.

Un rincón de la Plaza Mayor de Aranda de Duero. Burgos

Calle Boticas. Aranda de Duero. Burgos

Alrededores de la iglesia de Santa María la Real. Aranda de Duero. Burgos

Bodegas subterráneas: el tesoro escondido de Aranda

Me gustan las ciudades que atesoran tesoros únicos y Aranda de Duero es una de ellas. Lo guarda en las entrañas de su casco urbano, desde hace más de quinientos años. Te hablo del entramado de bodegas subterráneas que horadan su subsuelo. Según el Catastro del Marqués de la Ensenada, en su día llegó a haber 1575 sitios o suelos de bodegas. Actualmente hay 130 y algunas de ellas, como la Bodega de las Ánimas, están abiertas al público. Otras, en cambio, son privadas y si siguen tan bien conservadas es gracias al trabajo de las peñas arandinas. Si tienes ocasión, como yo, de que un vecino te invite a conocer alguna, no lo dudes. Es el mejor regalo que puede hacerte pues para ellos estas obras de ingeniería popular son su bien más preciado. Un tesoro que espera paciente ser declarado Bien de Interés Cultural por parte de la Junta de Castilla y León.

Entrada de la bodega de las Ánimas. Aranda de Duero. Burgos

Bodega subterránea de Aranda. Foto de Miguel A. Munoz Romero. RVEDIPRESS

Sabores arandinos: la tierra del lechazo y de los Ribera

Lechazo asado.
La ribera que inspiraImprescindible con mayúsculas. Nadie en su sano juicio debería abandonar Aranda de Duero sin probar el que probablemente sea el mejor de sus embajadores: el lechazo asado. En Aranda lo preparan a la antigua usanza, en horno de leña y a fuego lento, y lo sirven  acompañado de una deliciosa torta de aceite y una ensalada típica de la zona. ¿Un buen momento para catarlo? Sin duda, durante las Jornadas del Lechazo Asado que tradicionalmente se celebran cada mes de junio. ¿Alternativas al cordero? Sopa castellana, morcillas de arroz, congrio a la arandina, escabechados de caza…

En una tierra como ésta, en la que las viñas dominan el paisaje y en la que la cultura del vino se transmite de generación en generación, no podrás resistirte a degustar una buena copa de vino con Denominación de Origen Ribera del Duero. Joven, crianza, reserva, gran reserva… Estás en una de las mejores regiones vinícolas del mundo, descubre por qué.

Como tengo costumbre, releo este reportaje antes de publicarlo y, decididamente, : Aranda de Duero es la Ribera que me gusta.

Más información: Turismo de Aranda de Duero

Cómo llegar en coche desde Madrid: El acceso a Aranda de Duero se realiza desde Madrid por la autovía N-I, dirección Burgos. Está a 159 km. de la capital o, como dicen los arandinos, “en el kilómetro 159 del Paseo de la Castellana”.

Más allá del blog tour a Cesenatico: la precuela boloñesa y demás historietas

Más allá del blog tour a Cesenatico: la precuela boloñesa y demás historietas

Todo viaje tiene un previo, un desarrollo y un después. Ahora estoy en el momento remember de mi blog tour a Cesenatico y, tal y como prometí, me dispongo a relatarte un puñado de historietas que pueden ser dignas de ser contadas (o no). Vaya por delante que voy a saltarme un poco el estilo narrativo que acostumbro a utilizar y que voy a contártelo como si te tuviera enfrente en la barra de un bar. En petite comité. O lo que es lo mismo, pienso ofrecerte la extended version que tuvieron que soportar amigos y familiares a mi regreso. ¿Mi intención? Acordarme de ello cuando pinte canas y hacerte partícipe de cómo un retraso en un vuelo puede acabar convertido en el guión de una película con aspiraciones a ser filmada por los Coen. Además, si mis abnegados allegados se echaron unas risas bien aparentes, no es justo que tú, que me lees y das vida a esta bitácora, te quedes al margen de la fiesta. Si quieres salir corriendo, ahora es el momento. ¿Te quedas? ¡Genial! Arrancamos.

Chapter 1 

El vuelo (Creo que hubiéramos llegado antes nadando)

Cast: Sara, Kiba y yo

El modo más rápido para llegar a la hermosa Cesenatico es en avión. En 2h30m aproximadamente, te plantas en Bolonia desde Madrid y desde allí tienes que coger el tren (otras dos horas y pico) para disfrutar de la bella vita. El viaje es largo sí pero, tras mis dos entradas anteriores, espero haberte convencido de que esta población costera de Emilia-Romagna vale la pena y mucho.

Nosotras lo teníamos todo calculado. Aterrizaríamos en Bolonia a las 18:15. Teniendo en cuenta los 20 minutos que tarda el Aerobús en llegar a la estación de Bologna Centrale, coger el tren a Rimini de las 18:58 sería imposible pero al de las 20:06 llegaríamos de sobra. ¡Ilusas! El primer grupo de transporte aéreo en España, tercero en Europa y sexto del mundo en términos de facturación (no lo digo yo, lo dice su web), decidió regalarnos un bonito retraso de hora y media. Cuadrante al carajo.

Llegar, lo que se dice llegar, llegamos

Nos plantamos frente a la máquina expendedora de billetes a las 20:14 -miré la hora en el móvil, señoría. El último tren a Cesenatico, vía Ferrara y Ravenna, salía en dos minutos. Comprar el billete, localizar la vía…Ni Speedy Gonzales lo hubiera conseguido. Ya era un hecho. Estábamos literalmente tiradas en Bolonia. ¿Contactar con la organización del blog tour? Descartado, menuda faena hacerles recorrer 200 km para venir a buscarnos. ¿Un taxi? No creas que no se nos pasó por la cabeza, pero pagar 150€ para llegar al camping como que no. Además, ya me imaginaba la escena. Aparecemos a las mil, lógicamente ya no nos espera nadie, y acabamos despertando al vigilante de seguridad para contarle la película de que somos dos blogueras españolas que tenemos reservado un Riviera Cottage. Demasiado friki hasta para mí…

Chapter 2

Kiba’s eye  (De suero fisiológico a soluzione fisiologica va un mundo)

Cast: Kiba, el farmacéutico espeso y yo

Podríamos habernos cabreado, maldecir porque las horas que íbamos a pasar en Cesenatico menguaban por momentos etc., etc. Pero no. Yo estaba en plena borrachera de sueño, un curioso  fenómeno que me ocurre cuando voy mal dormida pero me lo estoy pasando genial- y decidí tomármelo toooodo con mucha calma. Al fin y al cabo estaba de viaje, tenía tabaco y Sara, esa chica que había conocido en persona seis horas antes en Barajas, resultó ser un encanto de niña que, como yo, no estaba dispuesta a que ninguna compañía aérea le fastidiase la escapada.

En esas estábamos cuando nos acordamos que antes de coger el tren queríamos pasar por una farmacia a comprar suero para la preciosa mascota de cuatro patas de Sara. Kiba tenía una pequeña infección en el ojo y nosotras, a estas alturas, todo el tiempo del mundo.

Kiba, la mascota viajera de Sara

Al lado de la estación había una así que allá fui, arengada por Sara que decía que mi italiano era buenísimo. Enseguida me di cuenta que el “a little” que me respondió el farmacéutico boloñés en respuesta al manido “do you speak english?” fue más que generoso. No me entendía ni pa trás. A modo de resumen: probé con “acqua per gli occhi”, “physiologic saline solution”, le dije que tenía un pequeño “dog”, él interpretó “doc” y acabó preguntándome que si me había enviado el doctor por qué no me había dicho el nombre del medicamento… Apuff… Por mucho que lo intentaba no podía aguantar la risa. La situación era almodovariana. Tirada en Bolonia, sin saber dónde iba a dormir, comprando suero para un perro y frente a un tipo que me miraba como si fuera una marciana. No sé cómo pero acabé repitiendo de forma compulsiva “suero fisiológico”, alternándolo con algún “guau, guau” para ver si así lo pillaba. Hasta que se obró el milagro y el hombre me espetó con toda su pachorra: ”Ahhhh… Soluzione fisiologica”. No sabía si darle un beso o matarle. No hice ni una cosa ni otra. Sonreí y salí a la calle victoriosa con mi colirio en la mano.

Chapter 3

Una hamburguesa de camuflaje, Autopromotec y una expedición casi imposible (Cuando todo parecía perdido… va la cosa y empeora)

Cast: Sara, Kiba, dos buenos samaritanos, Alberto y yo

El tema de la cena lo solucionamos en un pispás. En toda estación que se precie tiene que haber un McDonald’s y la de Bolonia acataba esta premisa. Eso sí, en la puerta lucía una bonita señal de cani non ammessi. En situaciones normales hubiésemos buscado una alternativa, pero como ésta de normal no tenía nada, activamos el modo ponerse el mundo por montera, metimos a Kiba en su trasportín y que fuera lo que Dios quisiera (versión para creyentes) o lo que decida el Karma (para seguidores de Me llamo Earl). Ni se enteraron de la presencia de Kiba…

Ahora venía la prueba final de nuestro particular Pekín Express a la italiana: encontrar alojamiento. A priori no parecía nada del otro mundo y presumimos que ganaríamos nuestro amuleto sin complicaciones. ¡Zas en toda la boca! No contábamos con un duro rival: Autopromotec 2013, una feria bienal de equipamientos y productos para el automóvil que no tenía otra fecha para celebrarse que justo ese fin de semana. No bastaba con el handicap de que aceptaran a nuestro adorable perrito, además teníamos que luchar por una cama a las once de la noche.

Tras varios intentos frustrados, empecé a pensar en un plan B, C y D. El B: mandar un S.O.S. por Twitter. El C: como era viernes y estábamos en una de las ciudades universitarias por excelencia de Europa, muy mal se nos tendría que dar para no encontrar algún couchsurfero por el centro de Bolonia. El D: volver al aeropuerto y dormir allí con Alberto. Y es que el tercer integrante de la Camping People ya sabía, por la hora de llegada de su vuelo, que le iba a tocar dormir en el aeropuerto por narices. Antes de que preguntes, . Fue el último en salir de Madrid y el primero en llegar al Cesenatico Camping-Village. De hecho, lo sacamos de la cama cuando por fin llegamos a nuestro destino a la mañana siguiente. Así somos los blogueros. Gente abierta y sin complejos… Si hay que conocer a alguien en pijama, se le conoce y punto. Y más aún si resulta ser un crack como él. Conocimiento previo: un puñado de MD en Twitter.

Avión, tren, barco, taxi...

Sigo. Cuando la esperanza de ver una sábana se apagaba por momentos, apareció nuestro particular ángel de la guarda nº 1. Un encantador italiano que paseaba a su cachorro. Fue él quien nos habló de una pensión cercana. Tras arrastrarnos por los 800 metros que nos separaban de ella -el cansancio era ya demoledor-, conocimos a nuestro ángel de la guarda nº 2. Estaba detrás del mostrador, materializado en forma de recepcionista. No pienses que no doy el nombre de la pensión por no hacerles publicidad gratuita. Al revés, según las normas, no admiten perros y no quiero causarle ningún problema a este buen samaritano que hizo la vista gorda con Kiba. Si quieres saber cuál era, te lo digo en privado.

Y hasta aquí nuestra precuela boloñesa. A la mañana siguiente alcanzamos nuestro objetivo y nos incorporamos, por fin, al blog tour #cesenaticobellavita. Económicamente hablando, llegar a Cesenatico fue una ruina. Personalmente y pese a todo, una gozada. Hacía tiempo que no me reía tanto. Bendita sensación, por cierto. Ya puedes levantarte de tu butaca y encender el móvil. La comedia ha terminado.

THE END

Nota mental 1: Lo poco que pude ver de Bolonia me gustó mucho. Tengo que volver.

Nota mental 2: Que nadie se confunda. La organización de este blog tour fue espléndida. Ellos no tuvieron nada que ver con nuestra odisea boloñesa.

Nota mental 3: Si me dieran un Oscar al mejor guión, en mi speech, obviamente, compartiría la preciada estatuilla con el fantástico elenco de co-protagonistas que me acompañaron en esta aventura: Sara, Alberto y Kiba.

 

Con mis compañeros de viaje. CesenaticoUn jump desde Cesenatico

Blog tour internacional Cesenatico Bellavita: fotogalería de una travesía por el Adriático

Blog tour internacional Cesenatico Bellavita: fotogalería de una travesía por el Adriático

Que no llueva mañana, que no llueva mañana, que no llueva mañana… Finalmente, nuestro mantra funcionó y, a modo de despedida, Cesenatico nos regaló una mañana de domingo apacible y soleada. Perfecta para navegar. Cuando llegamos al puerto-canal, a las nueve de la mañana, el sol, remolón y tímido, se hacía de rogar. Aun así, la ausencia de nubarrones en el cielo presagiaba que esta vez el paraguas no saldría de la mochila.

El Barchèt. Cesenatico

Allí estábamos los tres integrantes de dos piernas de la Camping PeopleSara, Alberto y la que narra el cuento- y nuestra mascota de cuatro patas, Kiba. Aunque escudriñaba el barco con recelo y husmeaba inquieto en tierra firme, sus ojos le delataban. Le podía la curiosidad y con su mirada parecía decirnos: “me da miedo el agua sí pero, si hay que subir al barco, se sube”. Kiba, nosotros, el resto de bloggers y nuestras maletas. ¿Maletas? Sí. Sara y yo teníamos el vuelo de regreso a Madrid a las 18:45 y, tras la experiencia del vuelo de ida -próximamente en tu pantalla-, decidimos cargar con ellas hasta que llegara el momento de coger el tren rumbo a Bolonia. Queríamos exprimir las horas que nos quedaban en suelo italiano y volver al camping para recogerlas suponía una pérdida de tiempo que no quisimos asumir.

Subiendo las maletas al barco. Así es la vida bloguera... Cesenatico

Hora de izar las velas. Cesenatico

Con Kiba a bordo. Cesenatico

Tras asistir a la ceremonia de izado de las velas a la antigua usanza, embarcamos en una de las joyas del Museo della Marineria de Cesenatico: un trabaccolo de 1925 construido en Cattolica, una localidad de la provincia de Rímini. ¿Su nombre? Barchèt. ¿Sus medidas? 13.40 metros de eslora y 3.80 metros de manga. ¿Su magia? Está perfectamente conservado y solo sale a navegar una vez al año. Salvo este 2013, claro.

Una vez a bordo, pusimos rumbo a mar abierto. Fotos y más fotos, charlas viajeras con los demás bloggers y con la tripulación, subir mis impresiones a las redes sociales… ¡Alto! Me habían mencionado en un tuit: “The crew sayd at @objetivo_viajar: ‘we aren’t on cruise! Why you have a luggage?” Yo no me percaté que uno de los marineros me había hecho ese comentario al subir las maletas al barco y fue la simpatiquísima Liliana Monticone quien inmortalizó en 81 caracteres el momento “¿si no estamos en un crucero por qué llevas equipaje?”.

Anécdotas 2.0 al margen, la travesía, como puedes imaginar, fue magnífica. Más aún para una sirena varada en Madrid que extraña muchísimo el Mediterráneo que baña Barcelona. Seguramente por esa ansia de mar que a veces me invade, en un momento dado decidí desconectar. Olvidar por unos minutos que si estaba allí era porque estaba trabajando. No más Facebook, ni Twitter, ni Pinterest… Era mi momento. Íntimo y personal. El Adriático y yo. Y en mi cabeza, sin previo aviso, empezaron a sonar las notas de una de las canciones más maravillosas que han escuchado mis oídos, Caruso, interpretada por el maestro entre maestros, Luciano Pavarotti. Esta fue la banda sonora que mi mente escogió para detener el tiempo.

Iniciamos la travesía por el Adriático. Cesenatico

Me encanta navegar. Cesenatico

Cesenatico desde el mar

Navegando con expertos. Cesenatico

Vista de Cesenatico desde el Barchèt. Cesenatico

Charlas viajeras y el mar. No se puede perdir más. Cesenatico

Embarcaciones en el puerto-canal de Cesenatico

Sara, Kiba y yo. El que se esconde tras la cámara es Alberto de XprimeViajes

Regresando a Cesenatico tras una experiencia increíble. Cesenatico

Descubriendo Cesenatico en el blog tour internacional #cesenaticobellavita

Descubriendo Cesenatico en el blog tour internacional #cesenaticobellavita

Mi primer blog tour internacional. Suena bien, ¿verdad? Para mí ha sido una experiencia única, cargada de grandes momentos imposibles de olvidar. Y es que en el fin de semana que pasé en Cesenatico, rodeada de bloggers procedentes de Irlanda, Hawaii, Nueva Zelanda California o Italia, entre otros países, por primera vez me sentí realmente parte de esta comunidad de locos viajeros que pretende acercar el mundo a todo aquel que quiera leernos.

Antes de empezar a relatar lo que dio de sí estos tres días en la ribera de Emilia-Romagna, quiero dar las gracias al Consorcio Cesenatico Bellavita -organizadores de este blog tour-, al Cesenatico Camping-Village y, en especial, a Alessandra Catania de 21Grammy por enseñarnos con tanto cariño todo lo que Cesenatico tiene que ofrecer. Y, por supuesto, a mis compañeros de aventuras, dos blogueros encantadores que se suman a mi pequeña gran familia viajera: Sara de Mindful Travel by Sara y Alberto de XprimeViajes. Y no me olvido de ti, precioso Kiba. Has sido una mascota genial y el centro de todas las miradas en este blog tour.

Vista del puerto-canal de Cesenatico

Si has seguido nuestro periplo italiano por Twitter, bajo el hashtag #cesenaticobellavita, ya sabrás que nuestra llegada a Cesenatico fue, digámoslo así, un poco rocambolesca. Olvídalo de momento. Ya lo trataré en un futuro post que he decidido titular “La precuela boloñesa” (tantas anécdotas, situaciones almodovarianas y risas deben ser compartidas). Ahora me pongo en modo periodista de viajes y voy a hacer mi trabajo: enseñarte Cesenatico.

Para empezar, situémonos en el mapa. Cesenatico es una localidad italiana de la provincia de Forlì-Cesena, situada junto al Adriático, entre Ravenna y Rimini. Un destino turístico tradicional de la ribera de Emilia-Romagna, cuyo atractivo va mucho más allá de sus siete kilómetros de costa. De hecho, este era uno de los objetivos de este blog tour: difundir la vertiente menos conocida de Cesenatico. Su rico pasado histórico, su política de promoción cultural, su estrecha vinculación con el mar… Pedazos de un atractivo puzzle, con piezas tan importantes como el carácter campechano y hospitalario de sus gentes y la tranquilidad que emana su pintoresco centro histórico, que pronto me dejaron claro que el ambiente que se respira en Cesenatico no es otro que la bella vita.

Vista del canal con la iglesia de San Giacomo al fondo. Cesenatico

La identidad marinera de la que fue en su día una aldea de pescadores se materializa de forma espectacular en el centro de Cesenatico. Aquí, dividiendo la ciudad en dos, se encuentra su famoso puerto-canal, un capricho estético capaz de fulminar la tarjeta de memoria de cualquier cámara sin apenas esfuerzo. El artífice de su aspecto final fue el mismísimo Leonardo da Vinci que en 1502 acudió a Cesenatico para cumplir el deseo del Duque de Toscana, César Borgia, que anhelaba agrandar y fortalecer el puerto.

En sus márgenes, cada tramo tiene una foto, una historia que contar, un momento para ser vivido. Terrazas en las que rendirse ante un helado, restaurantes típicos, pequeñas galerías de arte, el Ayuntamiento -destruido completamente por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y cuya reconstrucción no se salvó da la polémica ya que muchos hubieran deseado que conservara su estilo original-, los pilares bizantinos que conectan las dos riberas del canal, la casa del escritor local Marino Moretti, la iglesia de San Giacomo…

Una estampa del puerto-canal de Cesenatico

Ayuntamiento de Cesenatico

Casa Marino Moretti. Cesenatico

La memoria de Anita y Giuseppe Garibaldi también nos acompaña en nuestro paseo. En la casa en la que el héroe nacional y su mujer encontraron refugio tras escapar de Roma, en los bustos que se alzan en la vía que lleva su nombre, y en la Piazza Carlo Pisacane, donde se encuentra el primer monumento erigido en Italia en su honor. Una estatua que nos traslada a la noche del 2 de agosto de 1848, momento en el que Garibaldi, con apenas 200 hombres, zarpó de Cesenatico para ir al rescate de Venecia, capitaneando una flota de trece barcos pesqueros.

Corso Giuseppe Garibaldi. Cesenatico

Piazza Carlo Pisacane. Cesenatico

Detalle del monumento a Garibaldi. Piazza Carlo Pisacane. Cesenatico

Aún así, por muy atractivas que sean las riberas, los ojos siempre vuelven al canal para perderse entre las embarcaciones que flotan en el agua. Diez de ellas, las situadas en la parte más antigua del canal, pertenecen a la sección flotante del Museo della Marineria, el único en Italia que dispone de una “sala de exposiciones” al aire libre tan fantástica como esta. Barcos tradicionales que antaño surcaron la zona media y baja del Adriático y en cuyas coloridas velas se aprecian los símbolos de las diferentes familias de pescadores que faenaron en Cesenatico. Lo que no sabíamos es que al día siguiente navegaríamos en uno de ellos…

Las embarcaciones de la sección flotante del Museo della Marineria. Cesenatico

No imagino una mejor sala de exposiciones que esta. Puerto-canal de Cesenatico

Embarcación Giovanni Pascoli. Sección flotante del Museo della Marineria. Cesenatico

Ya en el interior del museo, realizamos una detallada visita por cada una de sus secciones. Allí descubrí que en el 1500 Cesenatico era el puerto más importante del Adriático después de Venecia, que los dos tipos de barcos de pesca más utilizados en los tiempos de la navegación a vela eran el trabaccolo y el bragozzo, y muchos más aspectos de la intrínseca conexión de esta población con el mar. Como curiosidad, te diré que en este museo te invitan a tocar todo lo que quieras y a hacer tantas fotos como desees. ¡Buena filosofía! También tuvimos ocasión de visitar el Antiquarium, donde nos sumergimos en el tiempo para revivir la vida cotidiana de Cesenatico en la época de los romanos.

Fachada del Museo della Marineria. Cesenatico

Trabaccolo Il Cidia (izq.) y bragozzo Il Vigo (dcha.). Museo della Marineria. Cesenatico

Museo della Marineria. Cesenatico

Visitando el Museo della Marineria. Cesenatico

Tras este baño cultural, pudimos conocer, y nunca mejor dicho, otro de los platos fuertes de Cesenatico: su gastronomía. Una cocina marinera tradicional, a base de pescados y mariscos frescos, en la que también hay espacio para las carnes y, cómo no, la pasta. Nuestro anfitrión fue el Ristorante-Pizzería Capo del Molo que nos regaló un elaborado bufet de degustación, regado con caldos de la región de Emilia-Romagna.

Aperitivos salados. Ristorante-Pizzeria Capo del Molo. Cesenatico

Realmente delicioso. Ristorante Capo del Molo. Cesenatico

Degustando un vino de la región de Emilia-Romagna. Ristorante-Pizzeria Capo del Molo. Cesenatico

El momento más dulce. Ristorante Capo del Molo. Cesenatico

Fue una velada fantástica, llena de conversaciones viajeras, de la que salimos con mote y todo: Sara, Alberto y yo pasamos a ser The Camping People. ¿La razón? Éramos los únicos que estábamos instalados en el Cesenatico Camping-Village. De hecho, los demás bloggers estaban alojados de forma individual en el resto de hoteles que conforman el Consorcio Cesenatico Bellavita.

Que no llueva mañana, que no llueva mañana, que no llueva mañana… Con este mantra nos fuimos a dormir. Toda la mañana del sábado había llovido y temíamos que la climatología nos volviera a jugar una mala pasada y nos impidiera salir a navegar. No fue así, el tiempo nos dio un respiro y el domingo a primera hora pudimos disfrutar de una maravillosa travesía por el Adriático, a bordo de un barco de 1925. Lo dejo aquí de momento. Esta experiencia me gustó tanto que he decidido que merece un post propio en forma de fotogalería.

Relajándonos mirando el mar. Cesenatico

Tras la excursión en barco y bajo un sol radiante, nos lanzamos a deambular por Cesenatico mapa en mano. Uno de los rincones que más me llamó la atención es la Piazzeta delle Conserve. Está situada en una preciosa zona peatonal de calles pavimentadas con piedras y adoquines y se llama así porque conserva una estructura circular a modo de pozo que se utilizaba, desde el siglo XVI hasta finales del XX, como nevera para conservar el pescado y otros alimentos. En la propia plaza y en sus aledaños, hay un pequeño mercado con puestos de frutas y verduras, denominado kilómetro cero, donde los fabricantes venden sus productos directamente al consumidor. Más naturales y frescos, imposible.

Piazzeta delle Conserve. Cesenatico

Mercado de frutas y verduras. Cesenatico

Así nadie puede resistirse a comprar. Puesto de la Piazzeta delle Conserve. Cesenatico

Puesto de quesos en la Piazzeta delle Conserve. Cesenatico

Otra de las cosas que me sorprendió es la cantidad de bicis y, por tanto, ciclistas que hay en Cesenatico. Mires donde mires hay una bici. Transportando niños, a señoras a la compra, a turistas por las calles… Cesenatico es totalmente llano y, visto lo visto, desplazarse en bicicleta también forma parte de la relajada bella vita.

Niño en bici. Cesenatico

Bici en Cesenatico

Ir en bibi no tiene edad. Cesenatico

Una bella vita que lamentablemente llegaba a su fin y de la que me despedí saboreando la comida que nos prepararon los pescadores en las instalaciones del Museo della Marineria: un risotto que todavía recuerdo y unas sardinas a la parrilla que nos sirvieron acompañadas con la famosa piadina, un pan ázimo característico de esta zona realmente riquísimo.

Preparando un delicioso risotto en las instalaciones del Museo della Marineria. Cesenatico

Y de segundo, sardinas a la parrilla

Aquí finaliza la primera de mis entradas sobre este blog tour. Si te he convencido de que Cesenatico es mucho más que una città di mare, objetivo cumplido.

        Próximas entradas del blog tour internacional Cesenatico Bellavita: 

 

 

Chinchón: Goya, las tropas francesas, John Wayne y una copa de anís

Chinchón: Goya, las tropas francesas, John Wayne y una copa de anís

No sé exactamente cuántas veces he estado en Chinchón. No es por falta de memoria, es que cada vez que mis amigos y familiares se dignan a visitarme -menos de lo que me gustaría, por cierto-, el nombre de Chinchón siempre revolotea en el ambiente. Los más románticos, por llamarlos de alguna manera, suelen decantarse por Aranjuez o Alcalá de Henares. Los gastroturistas, en cambio, lo tienen claro: si vamos a hacer una excursión que sea a Chinchón.

Y es que si por algo es conocida esta localidad de la vega del Tajuña es por ser uno de los principales focos gastronómicos de la Comunidad de Madrid. Hablar de Chinchón es hablar de cocina tradicional castellana con mayúsculas. De cordero y cochinillo, de jamones y embutidos, de sopas de ajo y potajes, de judías chinchoneras, de hornazos y tetas de novicia y, cómo no, de su tradicional anís -existen documentos de 1700 que ya cantan sus virtudes-, de sus caldos con D.O. Vinos de Madrid y de la calidad y sabor de famosos sus ajos.

 Plaza Mayor de Chinchón

Pero Chinchón no solo se alimenta de su oferta gastronómica. Es el cuarto destino turístico más importante de la Comunidad de Madrid. Una villa medieval, coqueta y campechana, que resurgió de sus cenizas tras el paso de las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia y que Alfonso XIII convirtió en ciudad en 1916.

Qué ver en Chinchón

La Plaza Mayor

La Plaza Mayor es uno de los grandes atractivos de Chinchón. Su precioso perfil se fue configurando con el paso del tiempo hasta que en 1963 quedó tal y como la vemos ahora: con sus soportales y cerrada por casas de tres plantas y balcones de madera. La singularidad legal de estos claros -así se conocen a las balconadas- es muy curiosa. La propiedad de los balcones es distinta a la de las casas donde se encuentran. Así, cuando hay algún evento público en la plaza, los propietarios de las casas deben acatar la servidumbre de paso y dejar pasar a los dueños de los balcones. Y es que esta plaza, además de ser el corazón de Chinchón,  a lo largo de la historia ha servido como escenario para celebrar de todo tipo de actividades: ferias de ganado, corridas de toros, autos sacramentales, corral de comedias, bailes…

Aquí está el Ayuntamiento, la Oficina de Turismo -situada en el antiguo lavadero de la Plaza Mayor- y buena parte de los restaurantes de Chinchón. Un consejo: si quieres disfrutar de la plaza en todo su esplendor, visítala durante el fin de semana. Es el único momento en que está cerrada al tráfico y no se permite aparcar en ella.

La Plaza Mayor de Chinchón ha sido declarada la 4ª maravilla de la Comunidad de Madrid

Oficina de Turismo de Chinchón

Torre del Reloj

Si desde la Plaza Mayor subimos por la empinada calle de Morata, a través de las dos columnas de los franceses, enseguida llegaremos hasta la Plazuela del Palacio. Aquí, además de disfrutar de unas magníficas vistas del casco antiguo, podremos descubrir qué se esconde tras el dicho popular que dice que «Chinchón tiene una torre sin iglesia y una iglesia sin torre«.

Calle de Morata. Chinchón

La torre sin iglesia es la Torre del Reloj, lo único que se salvó de la iglesia de Nuestra Señora de Gracia, destruida durante la Guerra de la Independencia.

 Torre del Reloj. Chinchón

Vista de Chinchón desde la Plazuela de Palacio

Teatro Lope de Vega

Al lado de la Torre del Reloj está el Teatro Lope de Vega. Fue construido en 1891 por la Sociedad de Cosecheros sobre las ruinas del antiguo Palacio de los Condes que fue arrasado en la Guerra de Sucesión española. Su nombre rinde homenaje a Lope de Vega, uno de los más importantes poetas y dramaturgos del Siglo de Oro español, que escribió la comedia El Blasón de los Chaves de Villalba durante su estancia en el palacio.

Teatro Lope de Vega. ChinchónQue no te confunda su sobrio y austero aspecto exterior, por dentro es muy bonito y acogedor. A modo de telón tiene un lienzo de Luis Muriel que recrea la estampa de Chinchón desde uno de los balcones de la Plaza Mayor.

Interior del Teatro Lope de Vega. Chinchón

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

¿Un cuadro de Goya en Chinchón? Así es. Para admirarlo solo tienes que adentrarte en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, un templo que empezó a construirse en 1534 y que mezcla detalles góticos, platerescos, renacentistas y barrocos.

Interior de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. ChinchónEsta iglesia tampoco se salvó de los terribles sucesos de 1808 y sufrió graves daños que afectaron especialmente a la cubierta y a los ornamentos. Para animar las labores de reconstrucción, el capellán de esta iglesia, Camilo Goya, pidió a su hermano que realizara un lienzo para el altar mayor. El resultado es La Asunción de la Virgen, un cuadro de más de tres metros que está considerado una de las obras religiosas más importantes de Francisco de Goya. El 19 de julio del año pasado se cumplieron doscientos años de la colocación de este cuadro en el frontal del retablo. Por cierto, esta iglesia cumple la segunda parte del dicho: no tiene torre.

La Asunción de la Virgen de Francisco de Goya. Chinchón

Castillo de los Condes y otros enclaves de Chinchón

Declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1974, Chinchón tiene más rincones que merecen ser visitados. Como el Castillo de los Condes, de propiedad privada, el Monasterio de los Agustinos -reconvertido en Parador de Turismo-, la Casa de la Cadena, donde se alojó el rey Felipe V, el convento de las M.M. Clarisas o las ermitas de San Antón, San Roque y Santa Ana.

Castillo de los Condes. Chinchón

CHINCHÓN, UN ESCENARIO DE PELÍCULA

Los que ya me conocen saben que, además de viajar, el cine es una de mis grandes pasiones. Por eso, siempre que el destino me lo permite, me gusta incluir alguna referencia al séptimo arte. En el caso de Chinchón es casi una obligación porque desde la posguerra su fisonomía ha servido como telón de fondo para muchas de películas que han paseado la imagen de esta villa por todo el mundo. En esta breve reseña de Chinchón como plató cinematográfico no pueden faltar La vuelta al mundo en 80 días (ganadora del Oscar a la mejor película en 1956) o Rey de Reyes, que transformó los cerros y laderas de Chinchón en Tierra Santa.

Pero el gran revuelo llegó en 1963. Henry Hathaway decidió trasladar el viejo oeste a la Plaza Mayor para rodar El fabuloso mundo del circo. En aquellos días, Chinchón se convirtió en una pequeña delegación de Hollywood con John Wayne, Rita Hayworth y Claudia Cardinale paseando por sus calles. Los lugareños aún recuerdan las curdas que se pillaba El Duque copa de anís va, copa de anís viene.

En 1964 fue Orson Welles quien fijó su cámara y su estómago en Chinchón. Primero con Campanadas a medianoche y un año más tarde con Una historia inmortal, un mediometraje que recreaba el Macao del siglo XIX. En ambos rodajes, el director de directores alquiló una casa en Chinchón y se dejó ver en sus numerosos mesones. Su favorito era el Mesón Cuevas del Vino (C/ Benito Hortelano, 13) y, según cuentan en su página web, cada día comía el mismo menú: judías chinchoneras y churrasco a la parrilla.

Otros títulos como El ruiseñor de las cumbres, Deprisa, deprisa, Espérame en el cielo, Lope y Pájaros de Papel también forman parte de la historia cinematográfica de esta localidad. Tampoco podemos olvidar a uno de sus vecinos más queridos. El actor José Sacristán también echó mano de Chinchón para dirigir e interpretar películas como Cara de acelga y Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?.

Visitas guiadas en Chinchón

La Oficina de Turismo organiza visita guiadas para particulares y grupos que recorren los principales puntos de interés de esta localidad. Además, el Ayuntamiento también ofrece la posibilidad de realizar una visita nocturna teatralizada que bajo el lema «El alma de Chinchón» revive  los acontecimientos que marcaron el rumbo de esta villa. Próximas fechas: 11, 18 y 25 de mayo. 1, 8, 15, 22 y 29 de junio. 28 de septiembre. 5, 12 y 19 de octubre.

Informado quedas. Si aún no conoces Chinchón, esta es tu oportunidad para descubrir una hermosa ciudad, rodeada de olivos y viñas, donde pasado y presente se dan la mano. Y lo mejor: a sólo 47 kilómetros de Madrid.

Mercado de La Boquería: historia, aromas y sabores

Mercado de La Boquería: historia, aromas y sabores

Como ya apunté en mi anterior entrada sobre La Rambla, el Mercado de La Boquería es una visita obligada para todo aquel que recala en la Ciudad Condal. Por muchas razones. Porque su historia va ligada íntimamente a la propia historia de la ciudad, porque está considerado uno de los mejores mercados del mundo y, sobre todo, porque perderse entre sus pasillos es una de las mejores formas de tomarle el pulso a una ciudad como Barcelona.

Mercado de La Boquería. Barcelona

Y es que aunque la excelente calidad y variedad de productos que aquí se pueden encontrar es la baza más importante de este mercado, La Boquería no sería un lugar tan especial sin las gentes que lo pueblan. Tenderos de tercera y cuarta generación con años de experiencia a sus espaldas, reputados chefs en busca de productos únicos -como dice el dicho popular, lo que no se encuentra en La Boquería, no existe-, gourmets a la caza de exquisiteces solo aptas para algunos bolsillos, turistas que disparan sus cámaras de forma compulsiva, vecinos del barrio que van a hacer la compra de la semana y barceloneses que no resisten la tentación de entrar a echar un vistazo y que siempre acaban comprando algo por el puro placer de decir al llegar a casa «esto lo he comprado en La Boquería».

Paradas de La Boquería. Barcelona

La presentación de las paradas atrae todas las miradas

La historia del primero de los mercados municipales que tuvo Barcelona se pierde en la noche de los tiempos ya que desde 1217 está documentada la presencia de vendedores de carne en las puertas amuralladas de la antigua Barcelona. Tras muchas idas y venidas, el mercado, tal y como lo conocemos hoy en día, fue inaugurado en 1840 en el solar que ocupaba el antiguo convento de Sant Josep de los carmelitas descalzos. De ahí que a este mercado también se le conozca como Mercado de Sant Josep. En un principio iba a ser una gran plaza con soportales a imagen y semejanza de la Plaça Reial pero finalmente el arquitecto Josep Mas i Vila decidió edificar un mercado cubierto por una estructura de hierro. Desde entonces, el mercado ha pasado por varias ampliaciones y remodelaciones entre las que destaca el precioso arco de marcado estilo modernista que preside la entrada principal del mercado desde 1913.

Vista lateral de La Boquería. Barcelona

En cuanto la rebases, todos tus sentidos se dispararán de inmediato ante el despliegue de aromas, colores y sabores que desprenden los más de 300 puestos que lo conforman. Un laberinto gastronómico que te recomiendo recorrer sin prisas para no perderte ningún detalle. Fíjate en la magnífica estructura de hierro que lo cubre, en la exquisita presentación de sus paradas, en el río de vida que transcurre a tu alrededor. No cometas el error de quedarte solo al principio en los puestos que venden bandejas de fruta listas para tomar a un euro o zumos de mil sabores. Intérnate en sus entrañas para disfrutar del bullicio que reina en la pescaderías que ocupan la zona central del mercado y recorre sin rumbo fijo sus once pasillos. A tu paso encontrarás carnicerías, fruterías, paradas de salazones, de olivas y conservas, legumbres, huevos, dulces y, según la época del año en el que lo visites, la más extensa variedad de setas que puedas imaginar. Incluso hay una tienda de souvenirs por si quieres llevarte un recuerdo de tu paso por La Boquería.

Una de las muchas pescaderías de La Boquería

Charcutería de La Boquería. BarcelonaBandejas de fruta y zumos listos para tomar. La Boquería

Chocolates y frutos secos. La Boquería

Piruletas. La Boquería

Souvenirs La Boqueria. Barcelona

Otra de mis recomendaciones es que te quedes a comer en el mercado. Además del clásico Bar Pinotxo del que ya hablé en mi anterior entrada, tienes muchas más opciones para hacer un alto en el camino y reponer fuerzas como el Quim de la Boqueria, el Bar Central o el Quiosc Modern. Sentado en cualquiera de sus taburetes podrás llevarte a la boca un trocito de este templo de la gastronomía y tu experiencia en La Boquería tendrá el broche de oro que se merece.

Bar Quiosc Modern. La Boqueria.

Aviso para navegantes: si quieres conocer a fondo la historia y los secretos de La Boquería, debes saber que todos los sábados de 10:00 a 11:30 se realizan visitas guiadas por el mercado que finalizan con una degustación de productos típicos. Su precio: 10€ por persona

Dirección: La Rambla, 89 bis – Plaça de la Boqueria

Cómo llegar: Metro L3, parada Liceu. Bus 14, 59 y 91.

Web: www.boqueria.info

Horario: De lunes a sábado, de 8 a 20.30h.

Rincones de Barcelona: La Rambla

Rincones de Barcelona: La Rambla

La Rambla de Barcelona es una de esas novias que toda ciudad querría tener. Elegante y distinguida por momentos, con muchas historias que contar, divertida y un poco canalla. Y con cientos de pretendientes que la cortejan a diario: hordas de turistas que la convierten en una auténtica Torre de Babel, vecinos que la disfrutan y la sufren, y barceloneses que siempre encuentran un momento para ramblear. Porque eso sí, toma nota, La Rambla no se recorre, se ramblea.

La Rambla. Barcelona

Este mítico paseo barcelonés, de poco más de un kilómetro de extensión, discurre desde la Plaça de Catalunya hasta el monumento a Colón, antesala del puerto. La Rambla, también conocida como las Ramblas, está dividida en cinco tramos: Rambla de Canaletes, Rambla dels Estudis, Rambla de les Flors, Rambla dels Caputxins y Rambla de Santa Mònica. Personalmente yo tengo un sexto tramo que no responde a las barreras geográficas de los anteriores sino a mis recuerdos. Es mí Rambla. La calle que me ha visto crecer. De pequeñita, dándole de comer a las palomas en la Plaça de Catalunya o permaneciendo todo lo quieta que puede estar una niña de siete años sentada en una silla mientras le hacen un retrato a carboncillo. Con los 20, llegó el momento de exprimir las noches de mi ciudad en algunos locales de la Plaça Reial como el Karma, el Sidecar o el Glaciar. Noches golfas y despreocupadas que siempre empezaban y acababan en La Rambla. Otro vínculo que me une a esta avenida es el Gran Teatre del Liceu ya que tuve el privilegio de asistir a numerosos ensayos generales porque mi cuñado formó parte de su orquesta y cada vez que podía me conseguía unas entradas. Y así llegamos hasta mi presente, el de una barcelonesa afincada en Madrid que cada vez que regresa a casa busca un hueco para pisar de nuevo sus baldosas.

Puesto de flores en La Rambla. Barcelona

La Rambla que conocemos hoy en día era hasta el siglo XVIII una riera que discurría junto a un camino bordeado por conventos y murallas. Una vez derribadas las murallas, la riera se fue urbanizando hasta dar forma al paseo más transitado de Barcelona.

Si empezamos a ramblear desde la Plaça de Catalunya en dirección al mar, el primer tramo que nos recibe es la Rambla de Canaletes. Aquí se encuentra la famosa fuente de Canaletes, parada obligatoria para cumplir con la tradición ya que, según cuenta la leyenda, quien bebe agua de esta fuente siempre vuelve a Barcelona. Si quieres hacerte una foto, ármate de paciencia porque lo más probable es que te toque hacer cola para inmortalizarte junto a ella. Que no te extrañe, estás ante uno de los símbolos más famosos de la ciudad. ¿Por qué los culés celebramos aquí los triunfos del Barcelona? Pues porque justo delante de esta fuente estaba situada en los años 30 la redacción de La Rambla, un periódico deportivo que colgaba una pizarra en su puerta con los resultados de cada jornada. Los aficionados de aquellos años empezaron a reunirse allí para comentar los partidos y el resto ya es historia. De la misma quinta es el Boadas Cocktails, una de las coctelerías más antiguas de Barcelona que nos invita a viajar en el tiempo con una copa en la mano. La encontrarás en la esquina con la calle Tallers.

Beber en la Fuente de Canaletes es toda una tradición. Barcelona

A partir de la calle del Bonsuccés entramos en la Rambla del Estudis (Rambla de los Estudios) denominada así porque aquí estaba ubicada a mediados del siglo XV una de las primeras universidades que tuvo Barcelona. Muchos barceloneses aún la llaman la Rambla dels ocells (Rambla de los pájaros) porque tradicionalmente aquí se podían comprar pájaros y otros animales domésticos. Ahora, las viejas pajarerías ya son un recuerdo del pasado y se han ido transformando en puestos de dulces y productos artesanos. Aquitectónicamente hablando, lo más interesante de esta parte de La Rambla es el antiguo edificio de la Real Academia de Ciencias y Artes -cuyo reloj marca la hora oficial de la ciudad y en cuyos bajos está el Teatro Poliorama-, la iglesia de Betlem, magnífico ejemplo del gótico catalán, y un poco más abajo, en el lado izquierdo, el señorial Palacio Moja o Palacio del Marqués de Comillas de estilo neoclásico.

Teatro Poliorama. Barcelona

Detalle Iglesia de Betlem. Barcelona

Nada más pasar la calle del Carme, el intenso olor a flores frescas te indica que has entrado en uno de los tramos con más encanto de esta avenida: la Rambla de les Flors (Rambla de las flores), el único lugar de Barcelona donde se vendían flores durante el siglo XIX. Junto a las floristerías y de hecho a lo largo de toda La Rambla, verás numerosos quioscos de prensa en los que, lamentablemente, se venden más souvernirs y camisetas del Barça que periódicos y revistas. No dejes de visitar el Palau de la Virreina, una joya del barroco civil que funciona como Centro de la Imagen y que programa interesantes exposiciones. Un poco más abajo está el Mercado de Sant Josep, más conocido como La Boquería, que merece por sí solo una futura entrada. Como anticipo, te contaré que es el mercado más popular de Barcelona. Una explosión de olores, colores y sabores que tendrás que ir descubriendo sorteando la marea de turistas que fisgonea entre sus puestos. Si te apetece hacer un alto en el camino en un ambiente informal, te recomiendo el Bar Pinotxo, toda una institución en este mercado. Siempre está a tope y conseguir un taburete junto a la barra no te será fácil. Sus tapas, bocadillos, tortillas y guisos caseros son excelentes.

Palau de la Virreina. Barcelona

Vendedor de flores en La Rambla. Barcelona

Mercado de la Boquería. Barcelona

Puesto de frutas en el Mercado de la Boquería. Barcelona

A continuación, siguiendo nuestro descenso hacia el mar, nos adentramos en la Rambla dels Caputxins (Rambla de los Capuchinos) que empieza en el denominado Pla de la Boquería. Es muy fácil de identificar si te fijas en el pavimento: un mosaico circular realizado por Joan Miró en 1976. A tu izquierda está uno de los edificios más singulares y hermosos de La Rambla, la Casa Bruno Cuadros. Una antigua tienda de paraguas que destaca por la originalidad de sus fachadas en las que se mezclan abanicos, sombrillas y detalles orientales.

Detalle Casa Bruno Cuadros. La Rambla, Barcelona

Cierra los ojos e imagina por un momento este tramo de La Rambla en blanco y negro. Estás en el siglo XIX. Son noches de ópera, conciertos y ballet en el Gran Teatre del Liceu. La burguesía catalana luce sus mejores galas camino del teatro, no sin antes dejarse ver por el encantador Café de la Ópera, situado justo enfrente del Liceu. Tras este histórico ejercicio de imaginación, vuelve a abrir los ojos, sitúate en el presente y disfruta de la soberbia fachada de uno de los templos de la lírica más importantes del mundo.

Gran Teatre del Liceu. Barcelona

Café de la Ópera. La Rambla,  Barcelona

Un poco más abajo, a tu izquierda, encontrarás la Plaça Reial. Este espacio, antaño ocupado por un convento de los capuchinos, es uno de mis rincones favoritos de Barcelona. Por su fisonomía, sus locales nocturnos, sus restaurantes -puestos a sugerirte un par me quedaría con La Crema Canela y Les Quinze nits-,  y por el placer que supone ver la vida pasar tomándote algo en sus terrazas. Eso sí, tanto aquí como en toda La Rambla, ten cuidado con los carteristas. Nada de mochilas a la espalda ni bolsos descuidados.

Plaça Reial. Barcelona

De vuelta a la Rambla, a la altura de la Plaça del Teatre, empieza la Rambla de Santa Mònica. Aquí es donde se sitúan los pintores y caricaturistas y donde han ido a parar las estatuas humanas que hasta no hace mucho salpicaban cualquier espacio libre que quedaba en La Rambla. Cosas de las ordenanzas municipales… En sus laterales se encuentran ubicados el Centro de Arte Santa Mònica, el Museo Marítimo y el Museo de Cera. Más que visitar el Museo de Cera (realmente no vale mucho la pena), si quieres descubrir un bar-cafetería original donde los haya, te sugiero que entres en El bosc de les fades (El bosque de las hadas). Está al lado del museo y merece la pena ir aunque sólo sea por ver cómo está decorado. Suele estar muy lleno y las consumiciones pican un poco (Passatge de la Banca, 5).

Caricaturistas en La Rambla. Barcelona

Pintores frente al Teatro Principal de La Rambla. Barcelona

Pintor de La Rambla. Barcelona

Estatua humana en La Rambla de Santa Mònica. Barcelona

Estatua humana en La Rambla. Barcelona

El final de La Rambla, por donde danzaba La negra flor de Radio Futura, lo encontramos en el monumento a Colón, construido en 1886 y que conmemora la vuelta de su primer viaje a América. Lamentablemente, el ascensor interior que recorría los 60 metros de altura de su columna de hierro hasta llegar al mirador está cerrado por el momento y sin fecha de reapertura. Si te animas a seguir caminando, tras cruzar el paseo de Colón, una pasarela de madera sobre las aguas del puerto, conocida como la Rambla del Mar, te conducirá hasta el Moll d’ Espanya donde se encuentra el centro comercial Maremagnum. Como alternativa al shopping, siéntate en uno de sus bancos, relájate frente al mar y disfruta de las vistas.

Detalle del Monumento a Colón. Barcelona

Rambla del Mar. Barcelona

Y hasta aquí este recorrido por mi pasado y por el presente de esta avenida única. ¿Envejece bien La Rambla? Hay opiniones para todos los gustos. Yo creo que sí porque aunque es verdad que muchos de los comercios de toda la vida están desapareciendo en favor de tiendas de souvenirs horteras y que esquivar el gentío puede resultar agotador, su esencia, la que enamoró e inspiró a personajes como Hemingway, Vázquez Montalbán, Miró o Serrat, sigue viva. Solo tienes que abrir bien los ojos para sentirla.

Cómo llegar a La Rambla:

En metro: A lo largo de La Rambla hay tres paradas de metro de la línea 3: Catalunya (al principio y por donde también pasa la línea 1), Liceu (en la mitad del paseo) y Drassanes en el extremo sur.

En autobús: Líneas 14, 59 y 91. Autobuses nocturnos: N9, N12 y N15.

 

 

 

Postales de Malasaña: Manuela, la movida, arte urbano y cupcakes

Postales de Malasaña: Manuela, la movida, arte urbano y cupcakes

Un de los lugares por los que suelo perderme muy a menudo desde que vivo en Madrid es Malasaña. Me encanta este barrio y acudo a él cuando quiero desconectar del ritmo frenético de la capital. Si tuviera que definirlo diría que es como una enorme matrioska que tienes que ir desmontando para descubrir cada una de las piezas que la componen y que juntas dan forma a una de las zonas más atractivas y vitalistas de la capital. Un barrio que va mudando su cara en función de las horas del día y que se reinventa a sí mismo con el paso de los años.

Qué ver en Malasaña

Geográficamente hablando, este céntrico barrio, también llamado Maravillas, está situado entre las calles Carranza, Gran Vía, Fuencarral y San Bernardo. Debe su nombre a Manuela Malasaña, una joven costurera que murió asesinada por las tropas napoleónicas durante las revueltas de 1808 muy cerca de la Plaza del Dos de Mayo. Esta plaza, siempre concurrida y animada, es el corazón de Malasaña. El eje que estructura un barrio que no está en los circuitos clásicos de qué ver en Madrid en dos días pero que esconde muchos rincones y sorpresas que cualquier mente inquieta desearía conocer.

Monumento a Daoíz y Velarde. Plaza del 2 de Mayo. Malasaña

Aunque cualquier momento es bueno para callejear por Malasaña, a mi me gusta especialmente ir los sábados por la mañana, cuando los ecos de la noche anterior se diluyen entre los comercios que abren sus puertas y el barrio se llena de luz y color. Cuando lo visité por primera vez lo que más me llamó la atención fue descubrir cómo Malasaña conjuga en un puñado de calles lo mejor de su pasado con nuevas propuestas que te invitan a volver. Como el recién inaugurado bar-museo Madrid Me Mata, dedicado a la ‘movida madrileña’ (Corredera Alta de San Pablo, 31), o la Fábrica Maravillas, la primera micro fábrica de cerveza artesanal del barrio (Valverde, 29).

Mercadillo de coleccionismo y antigüedades. Plaza 2 de Mayo. Malasaña

Calle Velarde. Malasaña

Junto a estos nuevos locales sobreviven establecimientos de toda la vida como la farmacia Juanse, en la confluencia de las calles San Andrés y San Vicente Ferrer, que conserva en su fachada los mismos azulejos que cuando abrió en 1892. Reclamos publicitarios de una época en la que se recomendaba utilizar el perborato de sosa para el dolor de muelas y su jarabe balsámico para combatir la bronquitis. O la Antigua Casa Crespo, una centenaria alpargatería que sigue en pie ajena a las modas en el nº 29 de la calle del Divino Pastor.

Azulejos de la farmacia Juanse. Malasaña

Antigua Casa Crespo. Malasaña

Hablando de tiendas, en los últimos tiempos Malasaña se ha convertido en la meca del vintage con originales y personalísimas boutiques por las que desfilan los amantes de lo retro en busca de piezas únicas. Pero los escaparates del barrio no acaban aquí. También hay hueco para librerías que funcionan como espacios culturales como Arrebato Libros (La Palma, 21) o Cervantes y Cía (Manuela Malasaña, 23), tiendas de cómics, estudios de tatuaje y floristerías. Y arte urbano allá donde mires. En las persianas de los comercios, en las fachadas, en los portales… Murales y grafittis que conquistan el espacio callejero creando un gran galería de arte urbano al aire libre que llena el barrio de color y vida.

Cervantes y Compañía Libros. Malasaña

The Cómic Co. Malasaña

True Love Tattoo. Malasaña

Plaza de Juan Pujol. Malasaña

Sala Taboó. Malasaña

Otro de los puntos fuertes de Malasaña es su oferta gastronómica. Hay opciones para todos los gustos y bolsillos. Una pequeña selección: de lo más tradicional Casa Julio (Madera, 37) o Casa Fidel (Escorial, 6), para tomar un brunch Nina Madrid (Manuela Malasaña, 10), para el aperitivo, además de las terrazas de la Plaza del Dos de Mayo, dos clásicos que siempre están llenos hasta la bandera Casa Camacho (San Andrés, 4) y La Ardosa (Colón, 13), para desayunar o tomar un café en cualquier momento del día el encantador Lolina Vintage Café (Del Espíritu Santo, 9) y para los más golosos la pastelería y tienda americana Happy Day Bakery con deliciosos cupcakes, bagels y muffins (Del Espíritu Santo, 11). La lista sería interminable…

Lolina Vintage Café. Malasaña

Happy Day Bakery. Malasaña

Cuando el día llega a su fin, Malasaña cambia de cara y se convierte en uno de los barrios más canallas y rebeldes de Madrid con pequeños locales en los que se exprime la noche a ritmo de rock, pop, indie y punk. Aunque ha llovido mucho desde entonces, aún es posible seguirle la pista a la época que centró en este barrio todas las miradas: los 80. Y es que el que fuera el cuartel general de ‘la movida‘ aún conserva locales míticos que nos transportan a aquellos años como La Vía Láctea (Velarde, 18) o el Penta (La Palma, 4), el que fuera el bar favorito de Antonio Vega y al que le dedicó una de las estrofas de La chica de ayer.

El Penta. Malasaña. Madrid

París con padres (en este caso los míos)

París con padres (en este caso los míos)

París con niños, París para románticos, el París más bohemio, cafés de París… La blogosfera está llena de tantas entradas sobre la ciudad de la luz que se diría que ya está todo contado. Yo te propongo un nuevo enfoque. Cómo preparar un viaje a París cuando viajas con personas mayores. O lo que es lo mismo, cómo diseñé nuestra estancia en la capital francesa para que la delicada salud de mi madre no nos impidiera cumplir el sueño de mi padre: conocer París.

Estación de Metro Saint-Michel. París

Vuelo a París

El vuelo no suponía ningún problema. Volamos con Air Europa y, salvo un pequeño retraso en la ida, todo perfecto. Aterrizamos en el aeropuerto de Orly y desde allí cogimos un taxi hasta el que fue nuestro barrio por unos días: Saint-Germain-des-Près. Precio del trayecto 42€ (no era hora punta y el tráfico iba bastante bien). La cara de felicidad de mis padres al ver la Torre Eiffel a lo lejos por las ventanillas: no tiene precio.

Alojamiento en París

Desde el primer momento tuve muy claro que debía buscar un aparthotel. Quería un sitio agradable en el que pudiéramos descansar y tener la posibilidad de comer o cenar allí cuando no nos apeteciera salir. Tras rastrear la Red a fondo, di con los Citadines Apart’hotels, una cadena internacional que solo en París tiene 16 residencias. Al final me decanté por el Citadines Prestige Saint-Germain-des-Prés porque, a pesar de no ser la opción más económica, reunía todo lo que andaba buscando: una ubicación inmejorable a orillas del Sena y muy cerquita de la Île de la Cité, bien comunicado y en un barrio cómodo para pasear y lleno de atractivos.

Nuestro apartamento, moderno y funcional, estuvo a la altura de nuestras expectativas y del precio que pagamos por él. Un total de 1,610€ por 5 noches, tasa de estancia incluida. Dormitorio con cama de matrimonio, sofá cama en el salón, cocina bien equipada, conexión a Internet gratis vía cable y wifi, plancha, servicio de limpieza diario… Otra de las cosas que me gustaron de este aparthotel, además del trato recibido, es que en el lobby tienen varios ordenadores de uso gratuito y una máquina de café a disposición de los clientes. Pequeños detalles que marcan la diferencia.

El salón de nuestro apartamento en París

El dormitorio de nuestro apartamento en París

Transporte en París

Movernos por París era lo que más me preocupaba. Utilizar la red de metro e ir localizando las estaciones con ascensor para evitar que mi madre tuviera que subir escaleras se me antojaba una tarea no imposible pero sí agotadora. Encontré la solución con Paris L’Opentour, una de las muchas compañías de autobuses turísticos que operan en la ciudad. Escogí esta y no otra porque a pocos metros de nuestro aparthotel teníamos tres paradas de las rutas Paris Grand Tour, Montparnasse-Saint Germain y Bastille-Bercy. Más cómodo, imposible. Para conectar con la cuarta ruta (Montmartre-Grands Boulevards) cambiábamos de autobús en la Place de la Madeleine.

Además, buceando por la web de la tienda online de Atout France descubrí que hay un pase combinado que engloba el bus turístico y las 8 escalas que el Batobus realiza por el Sena (Paris à la carte: Bono Opentour 3 días + Batobus 46€ por persona). Perfecto para nosotros. Yo los compré en las oficinas de Atout France de Madrid de la calle Serrano, 16. Si los compras online, debes saber que este tipo de entrada se envía por correo electrónico sin ningún cargo de expedición.

Opera Nacional de París Palais GarnierL'Opentour. París

Torre Montparnasse

Desde Montmartre, desde la Torre Eiffel, subiendo al Arco del Triunfo, desde la última planta de las Galerías Lafayette… Todo el que ha estado en París sabe que hay muchísimas opciones para disfrutar de su espectacular skyline.

De todas ellas, la que más ilusión nos hacía era subir a la Torre Eiffel pero pronto descartamos esta idea por las colas, las aglomeraciones y, sobre todo, por el vértigo que sufre mi madre. Nuestra alternativa para contemplar París a vista de pájaro fue la Torre Montparnasse, la segunda torre más al alta de la ciudad. Gran elección. Una de las paradas de L’Opentour nos dejó muy cerca y no hicimos nada de cola para subir al ascensor que en 38 segundos -dicen que es el más rápido de Europa- nos llevó hasta la planta 56. Una vez allí las vistas son impresionantes. A 196 metros de altura, París se transforma en una inmensa maqueta que puedes ir descubriendo a través de sus grandes cristaleras. La Torre Eiffel, los Inválidos, el Louvre, el Sacré-Coeur, el cementerio de Montparnasse, Notre-Dame…

Vista de la Torre Montparnasse desde los Jardines de Luxemburgo. París

Panorámica de París desde la Torre Montparnasse

Aquí puedes comprar las entradas para la Torre Montparnasse donde os esperan unas vistas impresionantes vistas de la ciudad a 200 metros de altitud. Esta torre es accesible para personas con movilidad reducida hasta el piso 56. Desde este piso, solamente se puede subir al piso 59 por las escaleras (3 pisos andando).

Crucero por el Sena

El paseo en barco por el Sena a bordo del Batobús fue uno de los momentos más mágicos de nuestro viaje. Hicimos el recorrido completo de un tirón porque para llegar a la mayoría de las paradas hay que bajar largos tramos de escaleras. Al contrario que en el bus turístico no hay servicio de auriculares y los asientos no son muy cómodos que digamos, pero estos pequeños inconvenientes se diluyen en cuanto zarpas y empiezas a ver París desde la perspectiva del río. Si tuviera que quedarme con una imagen, elegiría sin duda la llegada al Puente Alejandro III. Si ya me fascinó en tierra con sus farolas, ninfas y querubines, su imponente estampa desde el Sena acabó de enamorarme.

Batobús. París

MÁS CRUCEROS POR EL SENA:

Crucero por el Sena con cena gourmet: admirar los monumentos de París iluminados disfrutando de una cena de lujo a bordo de un barco panorámico es lo que define una escapada perfecta. El paseo en barco tiene una duración de dos horas -de 21:15 a 23:30-, y se realiza al anochecer.

Torre Eiffel + Crucero por el Sena: navegar por el Sena disfrutando de las vistas de París y subir al mirador de la Torre Eiffel, son dos experiencias imprescindibles. Además, sin colas y con audioguía en español.

Tour por París, paseo en barco y Torre Eiffel: esta excursión es perfecta para descubrir París desde todos los puntos de vista. Incluye un tour en bus, un crucero de una hora por el Sena y la entrada sin colas a la Torre Eiffel.

Notre-Dame desde el batobus. París

La Torre Eiffel desde el batobus. París

Paris la Nuit

Como despedida, la última noche hicimos un circuito nocturno en autobús por las calles de la ciudad. Para ser sincera, como no sabía cómo iba a responder mi madre con tanto ajetreo, no lo reservé con antelación por lo que me tocó rastrear por Internet todas las compañías que ofrecían este servicio. Imposible. No había plazas. Ya estábamos totalmente resignados cuando al salir a dar una vuelta por el barrio nos percatamos de que teníamos al lado una agencia de excursiones. Entré aguantando la respiración hasta que la chica del mostrador, en un español más que aceptable, me dijo que sí  había plazas y que nos abrigáramos bien porque se esperaba una noche bastante fría y el autobús era descubierto. Tendrías que haberme visto cuando salí de la agencia con los billetes en la mano: parecía que me había tocado la lotería. ¿Qué te puedo contar del recorrido? Pues que si Paris de día es precioso, de noche, con los juegos de luces iluminando sus principales monumentos, es sencillamente espectacular y te deja sin palabras.

Arco de Triunfo. París

Si no quieres que te pase como a mí, te recomiendo que reserves un tour nocturno por París con anterioridad.

Moulin Rouge. París

El día a día en París

Con lo que ya te he contado hasta ahora podrás imaginar cómo fue nuestro día a día en París. Por la mañana desayunábamos en el aparthotel tranquilamente, si tocaba nos acercábamos a comprar al Carrefour que teníamos a un par de calles, y directos al bus turístico. Nunca he explotado tanto un servicio como éste. Hicimos las cuatro rutas completas e incluso repetimos para bajar en paradas imprescindibles como Trocadéro, la Torre Eiffel, la Place des Vosges o el Louvre.

Por las tardes, paseábamos por Saint-Germain-des-Près, nos tomábamos un café en el barrio Latino o nos sentábamos en un banco a contemplar la puesta de sol sobre Notre-Dame. Una de esas tardes, mi madre decidió quedarse en el apartohel porque se encontraba bastante cansada y nos animó a ir por libre. Yo tenía claro dónde quería ir: a Montmartre. Con ella hubiera sido imposible por lo empinado de las calles pero con mi padre, mucho más en forma que la que escribe, quien acabó literalmente agotada fui yo. Fuimos hasta la parada de Pigalle en metro y desde allí a la Place des Abbesses, al Sacré-Coeur, a la Place du Tertre, al Moulin de la Galette… Mi padre se compró una camiseta con el cartel del Chat Noir de Steinlen y yo, lo confieso, unas tazas para el desayuno.

Sacré-Coeur. París

Y hasta aquí las claves de cómo planifiqué este viaje a París con mis padres. Ellos quedaron encantados con la experiencia pero no tanto como yo. El dvd con el montaje de las fotos que les hice tras el viaje está en un lugar preferente de su comedor. Dicen que lo han puesto allí para no perderlo…